Como un pájaro

Sólo quiere volar.

Alto, muy alto.

Es una sensación extraña, rara. El querer alzar los brazos y poder hacerlo. Dejarse llevar por la brisa que le acaricia el rostro y juega con el pelo. Que altera el orden de las hojas de los árboles y le trae el olor del invierno.

Despegar las puntas de sus zapatos negros del suelo de la azotea. Salvar la distancia que le separa de la persona que invade su mente a todas horas y segundos que cuenta sin darse cuenta, marcando el tiempo que corre lento.

Sin embargo, cierra los ojos y se imagina que no existe la gravedad, que es ligero como una pluma. Alza los brazos, sintiendo la fricción del viento.

En ese momento, sin preocuparse de si alguien le ve y o si está haciendo el ridículo, sonríe un poco. Sus labios amplían el gesto a cada segundo de respiración profunda, a cada soplo de la brisa que susurra sinsentidos.

Por un momento se olvida de todo y es feliz.

Porque le siente. Le huele.

Ve sus ojos mirándole en la distancia, deseando lo mismo.

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