Honradez

Era de los pocos detectives honrados que quedaban en la ciudad.

El resto, un atajo de hombres trajeados y dinero sucio que sobresalía de sus bolsillos, le miraban como si fuera la mierda, un chiste malo bajo esa lluvia.

Poco le importaba. Nada sabían de él, de lo que escondía bajo esa honradez. Argucias, extorsión, dinero negro, un cañón de pistola apuntada a la sien, palabras susurradas en agujeros oscuros e hilos tejidos con sumo mimo.

No. Ellos no sabían nada y él, alejándose de esos hombres que se creían dioses y las manos metidas en la húmeda gabardina, sonrió.

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